Personajes II. Modos de presentación.

A lo largo de mis clases universitarias sobre literatura, he aprendido que existen, fundamentalmente, tres medios de presentar un personaje en la historia que estamos narrando:


  • Por el propio autor: Es quizás la forma menos original, pero escritores de talla siguen recurriendo a ella con frecuencia. El autor, en un momento determinado de la novela (que no tiene por qué ser necesariamente al principio) describe al personaje. Puede dar toda la información sobre él de una sola vez, pero también es normal que la vaya soltando en pequeñas dosis. Repetir cierto rasgo característico del personaje a lo largo de la novela se usa para dar énfasis a ese rasgo concreto. Se hace porque define especialmente al personaje, porque ayudará a comprender mejor un punto de la trama y, sobretodo, porque ayuda al lector a recordarlo.   


  • Por sus actuaciones: se trata de un estilo más elaborado. El personaje va mostrándose a los lectores por su forma de actuar a lo largo de la novela, lo que otorga una información psicológica que el lector irá ordenando en su cabeza, y que dará como resultado una relación más íntima entre ambos. Esta técnica puede combinarse con la primera, de forma que el autor dé algunas pistas sobre el personaje y otras se sucedan por medio de sus acciones o reacciones. Es un método que aporta madurez a nuestra historia, aunque más complicado de realizar.


  • Desde otros personajes: Una técnica también original. Personajes de la obra van describiendo hechos y acciones, personalidad y características físicas del individuo que interesa al autor . Es una técnica muy adecuada a la hora de crear misterio o de lograr un personaje legendario del que todos hablan. El lector parece enterarse gracias a esos rumores que corren a lo largo de la novela, sean o no ciertos, y va haciéndose una idea del protagonismo y la fama que tiene el sujeto descrito.  
A la hora de presentar nuestro personaje, debemos tener en cuenta un detalle importante, que ya apuntó W.Iser en El acto de leer (1976). Nuestra escritura siempre se encuentra inacabada, y con ello deseo referirme particularmente a la descripción que podamos realizar sobre un personaje. Es decir, no importa lo detalladamente que lo presentemos. Es el lector, mediante su experiencia personal y su capacidad imaginativa, será quien complete el trabajo. De modo que nuestro personaje, mediante la descripción que tenga en la novela, se reproducirá de forma distinta en la cabeza de cada nuevo lector.