Cómo corregir nuestra novela.

En las clases sobre técnicas narrativas que he tenido la oportunidad de impartir, y cuando hablo con amigos escritores, siempre he visto que la parte de las correcciones supone un mundo diferente al del proceso de escritura. No es de extrañar; como dije en la entrada anterior, el escritor necesita desdoblarse y convertirse en el corrector quisquilloso, ahora sí, para iniciar un proceso que para muchos es de lo más aburrido.

No es raro que resulte así, porque nos encontramos ante la necesidad de, no sólo leer la novela sin más, sino de realizar una lectura compresiva: analizarla en detalle, prestando especial atención a la puntuación que nos hayamos saltado, las faltas de ortografía, redundancias y conceptos erróneos en general. Es un proceso que puede resultar muy arduo, lo admito, pero que no debería saltarse bajo ningún concepto. 

Lo normal -dependiendo, eso sí, de algunos factores como la extensión de nuestro relato- es que se realice más de una corrección, sin caer en lo obsesivo. Muchos escritores aconsejan que al menos una de ellas se realice con el manuscrito en papel, y no en la pantalla del ordenador (si es que utilizamos este medio). Otros también recomiendan leerlo en voz alta, especialmente si somos escritores principiantes, ya que esto ayudará en gran medida a conocer cuándo las frases suenan, digamos, desencajadas; a la falta de musicalidad.

En cualquier caso, escritores y editores aconsejan no enamorarse del manuscrito. Puede, de hecho, suceder con relativa facilidad, ya que se trata de un producto surgido desde nuestro interior; "como un hijo" tal y como varias veces he escuchado que lo describían. En efecto, es así, pero hay que hacer un esfuerzo por reconocer las palabras o frases (o párrafos... o capítulos enteros) que no deberían estar ahí y modificar todo aquello que sea necesario.

Así, el proceso de corrección puede incluso transformarse en un segundo proceso de escritura. En muchas ocasiones, ocupa más tiempo del que llevó escribir el relato o la novela. 

Un detalle más. Al igual que cualquier artista, un escritor necesita desligarse de su creación. Por ello no es recomendable iniciar la corrección inmediatamente después de haber terminado de escribir. Conviene dejar que nuestro escrito descanse un tiempo en el cajón. ¿Cuánto? Eso dependerá, creo, de cada escritor. En mi caso, no más de un mes para las novelas; menos para los relatos.