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Taller de escritura de verano

Este jueves vengo con una noticia excelente. Calambur Teatro, la compañía para la que trabajo, abre diferentes cursos de verano en Madrid. Entre todos ellos, he abierto un taller de escritura de verano. 

Sé que estamos en época de vacaciones, así que hay dos fechas diferentes. La primera es durante la
segunda quincena de julio:

JULIO

Martes 21 – Jueves 23 – Martes 28 – Jueves 30 de 17:00 a 19:00h
8 Horas – 50€


¿Que te vas de vacaciones justo durante esa quincena? No pasa nada, imparto el mismo taller durante todos los sábados de septiembre:


SEPTIEMBRE

Sábados 5, 12, 19 y 26 de 11:30 a 13:30h
8 Horas – 50€

En este taller de verano, el objetivo es lanzarse a escribir: superar el bloqueo, aprender técnicas, lidiar con la etapa de corrección y saber cómo presentar una novela a editoriales y agencias. También me ocuparé de impartir conocimientos sobre la autopublicación, algo muy de actualidad en el universo literario.

¿Estás interesado? Escribe a cursos@calamburteatro.com desde ahí te informaremos sobre éste y/o todos los demás cursos que se ofertan. 

¡A escribir!



Amado Nervo

Vida y Obra

Nervo es uno de los más importantes exponentes del Modernismo en México. La confección y evolución de su obra no puede entenderse sin un repaso a su vida, pues ambas se encuentran intrínsecamente ligadas.
            Nace en Tepic (Nayarit) en 1870. Allí transcurre su infancia hasta el instante de la muerte de su padre. Nervo es entonces enviado a un colegio en Jacona (1883). En 1894 viaja a la capital para iniciarse al fin en su carrera literaria. Se da a conocer por primera vez en la revista Azul y comienza a entablar amistad con otros escritores residentes en Ciudad de México.
            En 1898, tres años después de haber publicado su primera novela, produce sus libros de poemas Perlas negras y Místicas, que recogen algunas poesías de producción anterior, ya aparecidas en revistas y periódicos.

            Hacia 1900 viaja a Paris como corresponsal. Es en esta ciudad donde entablará amistad con escritores como Rubén Darío, y donde conocerá al gran amor de su vida, Ana Dailliez, cuyo amor perduró hasta la muerte de ella, en 1912. Entre estas dos fechas, Nervo publica varios poemarios, dirige la Revista Moderna y ejerce como diplomático hasta 1914, fecha en la que la Revolución Mexicana destituye a todos los cargos acreditados en el extranjero. Volverá a ejercer este puesto a partir de 1918 en Argentina y Uriguay. Fallece en éste último país en 1919.

Nervo posee una extensa obra poética que, según Ramón Xirau en Amado Nervo, pensamiento y poesía, evoluciona desde un romanticismo de toque modernista, a una poesía desnuda, voluntariamente prosaica y narrativa, libre de procedimiento. En este sentido se distinguen tres etapas de la misma:
1.      Periodo inicial. Su poesía mantiene elementos románticos. Destaca un abundante uso de adjetivos y la expresión de sentimientos tristes, apasionados o melancólicos.
2.      Periodo modernista. Compone el centro de su carrera poética, se halla introducido en la corriente de la época.
3.      Periodo de simplificación. En él aparecen poemas alejados de la retórica modernista. No existe la innovación técnica.

No obstante, desde sus primeras composiciones destacan en el poeta dos temas
fundamentales que estarán presentes en toda su obra: la religión y el amor. Acerca de estos temas, Nervo se muestra sincero, declarando sus sentimientos al lector. Con posterioridad aparecerán temas nuevos: el miedo a la muerte y el hastío hacia la vida. Nervo teme morir, porque no sabe lo que le deparará el más allá; y teme a la vida, porque no comprende su sentido.
            En otros poemas destaca la influencia de sus estudios en el seminario de Zamora, en el que ingresó siendo joven. Es en éstos, recogidos en el libro Místicas, donde, en efecto, el autor se acerca al misticismo, pero también a cierto sensualismo que recuerda al Cantar de los cantares.

            Tras su estancia en París y su contacto don Darío, la poesía de Nervo evoluciona hacia una sencillez en la adjetivación; al mismo tiempo, el poeta persigue la tranquilidad espiritual. La lírica de esta época es más personal. Nervo busca lo enigmático de la vida. Pero también destaca la influencia de su relación con Ana; esta relación le permite no necesitar adornos en su poesía. La sencillez le basta.

            A partir de 1914, con la muerte de Ana y la evolución de su obra, Nervo se ha alejado por completo del erotismo juvenil y ha ido entrando poco a poco en sí mismo. Su poesía adquiere una temática más aproximada a lo religioso y lo filosófico. Es una búsqueda constante de la tranquilidad del alma, que finalmente acaba logrando por medio del amor. Así, en 1915, cuatro años antes de fallecer, el poeta escribe:

Amé, fui amado, el sol acaricio mi faz
¡Vida, nada me debes!¡Vida, estamos en paz!

Extracto de Perlas Negras

Sol espledente de primavera,
a cuyo beso, fresca y lozana,
la flor se yergue, la mariposa
viola el capullo, la yema estalla;
sol espledente de primavera:
¡yo te aborrezco! porque desgarras
las brumas leves, que me circundan
como rizado crespón de plata.

A mí me gustan las tardes grises,
las melancolías, las heladas,
en que las rosas tiemblan de frío,
en que los cierzos gimiendo pasan,
en que las aves, entre las hojas,
el pico esconden bajo del ala.

A mí me gustan esas penumbras
indefinibles de la enramada,
a cuyo amparo corren las fuentes,
surgen los gnomos, las hojas charlan...
Sol espledente de primavera,
cede tu gloria, declina, pasa:
deja las brumas que me rodean
como rizado crespón de plata.

Bellas mujeres de ardientes ojos,
de vivos labios, de tez rosada,
¡os aborrezco! Vuestros encantos
ni me seducen ni me arrebatan.

A mí me gustan las niñas tristes,
a mí me gustan las niñas pálidas,
las de apacibles ojos obscuros
donde perenne misterio irradia;
las de miradas que me acarician
bajo el alero de las pestañas...

Más que las rosas, amo los lirios
y las gardenias inmaculadas;
más que claveles de sangre y fuego,
la sensitiva mi vista encanta...

Bellas mujeres de ardientes ojos,
de vivos labios, de tez rosada:
pasad en ronda vertiginosa;
vuestros encantos no me arrebatan... 

Ovidio y las Metamorfosis

Esta semana vuelvo a la Escuela Literaria para hablar de otro gran autor clásico: Ovidio.

***

La obra literaria de Ovidio comienza con los Ars amandi, tema que ya habían abordado otros autores romanos (con quienes el poeta compartía amistad). Sin embargo, la obra de Ovidio es la culminación del tema que trata, hasta el punto de conducir a su agostamiento. De este modo, no es extraño que los estudiosos, al hablar sobre esta obra, la coloquen como arquetipo del género, a pesar de que, por supuesto, la obra de Ovidio destaca por un punto de originalidad respecto las demás: sus elegías eróticas están dotadas de una clara cohesión desde el libro I al III.

Al inicio del libro, el autor comienza con una disculpa: su intención era la de escribir un libro épico, pero Cupido le obliga a producir una obra completamente diferente, de carácter erótico. Así pues, Ovidio compone una elegía en la que se habla sobre cómo conseguir el amor y mantenerlo, tanto dedicado a los hombres (libros I y II) como a las mujeres (libro III). Los estudios han datado los dos primeros libros entre los años 23 a 8 a.C. mientras que calculan la adición del tercero en torno al 1 ó 2 a.C.

Las metamorfosis

El género de esta obra, la elegía didáctica, representa la evolución literaria del poeta Ovidio. Éste ya había manifestado en Ars amandi su intención de escribir una obra orientada a un género diferente: la epopeya.
Las Metamofosis, compuestas antes de su destierro, se convierten en la obra magna del autor; recogen en sí mismas lo escrito en sus obras anteriores y, al mismo tiempo, están compuestas con la experiencia de un autor consagrado; de modo que terminan transformándose en su composición más famosa.

Las Metamorfosis son un compendio de 250 mitos y leyendas en 15 libros; en la mayoría de ellos el hilo cohesionador es un cambio de forma de alguno de los personajes, si bien no en todos ellos llega a producirse (se registran unas 175 metamorfosis). La mayoría de las transformaciones son en animales, con predominancia de las aves. En segundo lugar se encuentra la transformación en piedra; al que seguirían los cambios en planta.
Cabe también mencionar las metamorfosis que ejecutan los propios dioses. Entre todos destaca Júpiter, quien suele transformarse en algún tipo de animal para yacer con alguna mujer humana (muy conocidas son sus metamorfosis en toro y cisne, ambas representadas en obras pictóricas).
Otro tipo de metamorfosis recoge transformaciones en seres fabulosos, o incluso en dioses. Tal es el caso de Escila (una ninfa transformada en un monstruo marino) o Glauco (un pescador transformado en dios marino).

Las Metamorfosis siguen un orden cronológico. Comienzan desde la misma creación del mundo y terminan en los tiempos del emperador Augusto; es decir, en la época de Ovidio. Encontramos que unos episodios se suceden a otros (como los que hablan del Glauco y Escila, ambos citados arriba); pero no todos, pues el autor desea concederse cierta libertad para así poder incluir un número mayor de narraciones, recogidas desde toda una tradición histórica en la que destaca una presencia de la propia mitología griega.

Las Metamorfosis han sido fuente de inspiración para numerosos artistas a lo largo de toda la historia, tanto en el campo de la pintura como de la escultura o literatura. El repaso a sus historias constituye una base de conocimiento fundamental para comprender el arte que nos rodea.

Algunas historias de la Metamorfosis

El diluvio – Júpiter y todos los dioses se dan cuenta de que la humanidad se ha pervertido. Por un momento, Júpiter está a punto de destruir la tierra con sus rayos, pero finalmente decide anegarla bajo las aguas de un tremendo diluvio. Manda también a los ríos desbordarse.
Finalmente toda la tierra es cubierta por agua. Sólo unos pocos son capaces de sobrevivir, y éstos son castigados con la falta de alimentos por las inundaciones. Sólo Deucalión y Pirra sobreviven.

Apolo y Dafne Apolo acaba de erradicar a la serpiente Pitón, que fue engendrada tras el diluvio y se enroscaba en una montaña. Crecido por la victoria, se ocupa de Cupido y de su aljaba. Al verlas le dice que deje las armas de los hombres. Pero Cupido, ofendido y sabedor de que sus flechas son mejores que las de Apolo, lanza la del desamor a la ninfa Dafne, y la del amor a éste. Así se enamora Apolo de la ninfa y la persigue por todos lados, suplicándola que le permita acercarse. Ella huye con todas sus fuerzas del dios. Ni aún presentándose como quien es le acepta la ninfa. Cuando ya se ve acorralada, pide ayuda a los ríos pidiéndoles que cambien su hermosa figura. Accede el río y la transforma en árbol. Apolo la alcanza en plena transformación y besa la corteza, todavía latente por lo que fue. Promete que ella será siempre su árbol, y con sus hojas cubre su cabeza. Hojas de laurel.

Faetón el hijo del sol es acusado por Épafo de no ser hijo de un dios, cosa de la que él presume. Faetón lleva las acusaciones a su madre Clímene y ésta reitera la afirmación de que Faetón es de padre divino. Para confirmárselo del todo, le pide que visite la morada de su padre el sol y allí se lo pregunte a él.
(Libro II) – faetón viaja hasta la morada del sol, donde también residen las estaciones, el día, mes y año. Allí pregunta a Febo si es hijo suyo y éste se lo confirma. No sólo eso, sino que para probarle la verdad le otorga cualquier petición, jurando por la laguna Estigia. Faetón pide manejar el carro de su padre durante un día. Es una petición peligrosa y Febo sabe que si deja el carro a su hijo morirá por el poder de sus altas temperaturas y lo indomable de los caballos alados. Aún así, y por más que lo intenta, no logra convencerle. Faetón monta el carro del sol mientras su padre le da los últimos consejos para dominar el carro y le indica un atajo seguro por el que pasar. También le advierte que no se vaya ni muy arriba ni muy abajo, porque quemaría las mansiones celestiales
Faetón comienza a dirigir el carro de su padre, pero éste se desboca y comienza a quemar las regiones terrestres. Faetón queda petrificado por el terror, sin saber qué hacer, mientras los caballos corren desbocados. Camina por las estrellas, abrasa las nubes y desciende hasta incendiar la tierra y destruir ciudades enteras. Seca  ríos y océanos. Su luz llega hasta el Tártaro. Incluso Atlas se ve en apuros, al sostener la bóveda celeste en llamas. Faetón es incapaz de resistir el terrible calor que despide el carro.
Finalmente, Júpiter, viendo que el mundo entero se destruye, arroja uno de sus rayos a Faetón y lo derriba del carro, que queda hecho pedazos. Faetón cae sobre el río Erídano y es enterrado por las Náyades.

Narciso y Eco La primera persona en acudir al adivino Tiresias es la ninfa Liríope, violada por el río Cefiso. Tiresias augura sobre su hijo que llegaría a ver largos días en su vejez mientras no se conociese a sí mismo. De la ninfa nace el hermoso Narciso, deseado por muchachos y muchachas. Narciso no se interesa por ninguno de ellos y se divierte cazando en el bosque. Allí, la ninfa Eco se fija en él. Eco ya había sido maldecida por Juno a repetir el final de las frases.  Intenta la ninfa por medio de la repetición cautivar y enamorar a Narciso.
Desde su escondite repite la última palabra que Narciso dice. Cuando al fin sale de la espesura para unirse a él, Narciso huye de ella. La ninfa, entristecida, se transforma en piedra y sólo perdura su voz repetidora. Narciso corre hasta una fuente de plateadas aguas, donde nadie antes había estado, y allí se tiende a descansar. Al querer beber en la fuente, se ve cautivado por su propio reflejo y, sin poder apartar la mirada de su propia imagen, permanece rígido mirándose. Intenta hablar con la imagen, darle besos, abrazarla, pero todo es en vano.
Rendido, llora y muere en el lago mirando su imagen. Incluso en la muerte sigue contemplándose en las aguas del río Estigia. Su cuerpo se transforma en la flor del mismo nombre.

AracneCuenta Atenea la historia de Aracne, quien se tenía como la mejor en el arte de tejer la lana. Sus vestidos eran de la mejor calidad y su técnica era insuperable. Aracne, en su vanagloria, llegó a desafiar a la mismísima Atenea.
La diosa toma la forma de una vieja; disfrazada intenta convencer a Aracne de que le pida perdón. Tras negarse Aracne, la diosa toma su verdadera forma. Aracne, sin embargo, sigue obstinada en su desafío y la diosa finalmente acepta. Ambas comienzan a tejer hermosos telares.
Pero es Aracne quien hace un mejor telar. Atenea le persona la vida, pero por su ofensa la condena metamorfoseándola en araña.

Orfeo y EurídiceEurídice, la esposa de Orfero, sufre la mordedura de una serpiente en el tobillo mientras pasea por el campo, y muere. Orfeo baja hasta el Tártaro para pedir a Dis y Perséfone que le devuelvan a su esposa. El canto de Orfeo conmueve a los habitantes del Tártaro y se le concede recuperar a Eurídice, siempre que no la mire mientras salgan del Tártaro. Les indican una senda de salida y se encaminan hacia allí, pero Orfeo no puede resistirse mirar a su esposa, y al momento ésta retrocede hasta la morada de los muertos. Orfeo ya no puede volver de nuevo a por ella.

Dédalo e Ícaro - Dédalo quiere volver a su país,  pero está cercado por el mar. Se fabrica un aparato de plumas para atravesar el aire. Durante la construcción, su hijo Ícaro le observa y le imita. A éste Dédalo da instrucciones de que no vuele ni muy alto, hacia el sol, ni muy bajo por las aguas; sino que vaya tras él. Ambos emprenden el vuelo, pero Ícaro se emociona por la aventura y se aparta de su padre. Asciende hasta el sol, que quema su artefacto de plumas, y cae sin poder volar al mar, donde muere.

Midas - El dios Baco vaga por la tierra embriagado por el vino. Es apresado por unos campesinos y llevado hasta el rey Midas, quien le reconoce y realiza festejos en su honor. Por ello, Líber le concede un don. Midas pide que todo lo que toque se convierta en oro. Comienza Midas probando su don con ramitas y piedras y comprueba que se ha hecho realidad. Sin embargo, pronto se da cuenta que el agua y la comida también se transforman en oro (el agua se transforma en oro al tocar sus labios). Si poder saciarse, pide a los dioses que le restablezcan y le eliminen el don. Los dioses acceden y le ordenan purificarse en el río. Así lo hace, y el río se lleva el don del oro al bañarse.

Peleo y TetisA Tetis se le vaticina el nacimiento del grandioso Aquiles. Para ello Júpiter se la concede al héroe Peleo. Éste intenta poseerla en la cueva donde ella suele bañarse desnuda, pero Tetis cambia de forma para escaparse. Lo consigue con la forma de tigre. Peleo pide ayuda a los dioses y éstos le aconsejan atar a la ninfa mientras permanezca dormida. Peleo lo logra y por muchos cambios de forma que ésta hace, no puede escapar. Así, finalmente, se entrega a Peleo.


Muerte de AquilesLa guerra de Troya se alarga por 10 años. El dios de los mares, forjador de los muros de la ciudad, está enojado con Aquiles, y ordena a Apolo herirle. Éste dirige los dardos de Paris, quien se encuentra matando con su arco a otros enemigos, y le instiga a disparar contra Aquiles. El dardo certero le hiere de muerte. Se enciende una pira en su honor y se realizan grandes exequias. Su propio escudo desencadena una guerra por su posesión, sus armas se debaten entre Odiseo y Ayax. 

Virgilio y la Eneida

Con esta entrada inauguro una nueva sección, en la que rescato y compilo parte de las clases que preparé para el Seminario de Literatura de Puerto Rico. La nueva etiqueta en mi blog se llamará "Escuela literaria", y hablará sobre autores de poesía, narrativa y teatro de todos los tiempos, así como de diferentes géneros literarios. Espero que pueda servir de ayuda a quienes se topen con estos artículos.

El de esta semana trata sobre los orígenes de la poesía latina y uno de los grandes autores clásicos: Virgilio:

***

Orígenes de la poesía latina

Hasta nuestros días ha llegado una escasa conservación de las primeras obras latinas. Se reduce a las composiciones de tres autores: Livio Andrónico, Gneo Nevio y Quinto Enio.
Resulta evidente, dada la transmisión de su literatura, que la poesía latina bebe directamente de la poesía griega. En efecto, el nuevo imperio tiene por costumbre adaptarse a las costumbres de otras sociedades, siempre y cuando las encuentre beneficiosas o positivas en algún aspecto.
Roma entra en contacto con la poesía griega debido a los años de lucha contra Pirro (281 – 272 a.C) y a la primera de las guerras púnicas (264 – 241 a.C.). De este modo, aprenden del modelo heleno y producen una épica, una tragedia y una comedia propias.
           
Pero el hecho es que los latinos encontraron cierta afinidad con la poesía homérica, incluso a pesar de encontrarse escrita en un idioma diferente, dado que ellos, con anterioridad a este contacto, ya conocían composiciones parecidas: poemas cantados con acompañamiento de flauta, que se realizaban en exaltación de varones ilustres; o lamentos cadenciosos ejecutados por mujeres para ciertos funerales, en los que se exaltaban las virtudes del difunto. De este modo, no es de extrañar que el pueblo latino adoptara las composiciones griegas, pues existía cierto parecido entre lo que ellos ya realizaban.

Virgilio y la Eneida

Virgilio nace el 15 de octubre del 70 a.C. Es de familia humilde y tiene otros dos hermanos, que no gozaron ninguno de buena salud. Él también es una persona que permanece toda su vida delicado.
Ese nacimiento humilde no cuadra exactamente con las relaciones sociales posteriores de Virgilio (de alta categoría), pero lo que sí parece seguro es que su padre se dedicó al campo.

A los 12 años viaja a Cremona para estudiar las disciplinas del griego, métrica, poesía e historia. De allí pasa a cursar estudios de retórica en Milán, y tras dos años viaja a Roma para perfeccionarse. Sin embargo, no parece destacar finalmente en esta disciplina: su débil estado de salud, que le provocaba frecuentes cansancios; su voz, hábil para la poesía pero no para la retórica; y su timidez o su incapacidad para la improvisación hacen que pise una sola vez el Foro y no vuelva a hacerlo.

Sin embargo está dotado para la poesía, donde su voz suave se adapta mejor. Virgilio ha sido visto como un autor sensible, fino y de delicados sentimientos. A pesar de ello debió ser una persona de carácter complicado, por lo que esa delicadeza parece no ir más allá de lo literario.

La Roma en la que vive se encuentra agitada a niveles políticos y sociomorales. Por todas partes se respira el caos y el desenfreno sexual, unido a unos valores que se pensaban perdidos. Las raíces de Roma parecen olvidadas. Frente e ello, Virgilio elige una vida de retiro social. Políticamente, Virgilio es partidario de César. A la muerte de éste se pondrá del lado de Augusto. Este emperador pretende desenterrar la vieja gloria del Imperio. Las raíces y el respeto a los dioses se habían perdido. Es por ello que encarga a Virgilio el trabajo de resucitar todos estos valores.

De este modo comienza Virgilio por encargo de Augusto en el año 29 a.C la creación de la Eneida, con la que se propone recrear los orígenes divinos de Roma y del linaje de Augusto. Tras once años de trabajo, en los que se había apartado a una vida de retiro para perfeccionar su obra, la muerte le sorprende por culpa de una insolación. Pretenderá Virgilio quemar su obra inacabada, pero no se lo permitirá Augusto, quien poco después la publicará. Virgilio muere en Brindisi, el 22 de septiembre de 19 a.C

La Eneida busca exaltar el orgullo del ciudadano romano, heredero de dioses y héroes. Virigilio rememora la conocida leyenda de Eneas, quien, tras la guerra de Troya, emprenderá un viaje guiado por los dioses para establecer una nueva patria.
Eneas representa el modelo del hombre piadoso que se somete a la voluntad de los dioses y que antepone sus obligaciones para con los mismos, para con su familia y su patria. Es magnánimo, perseverante, sensible y compasivo. La Eneida, sin embargo, no se centra en Eneas, sino en la nueva Troya, en el linaje y en el futuro glorioso de la nueva patria. En el orgullo de ser romano y en el pasado divino, especialmente del emperador.

La Eneida está inspirada tanto en la Ilíada (como los acontecimientos del capítulo II) como en la Odisea (como el viaje por barco de Eneas y los suyos, donde encuentran algunos lugares, como la morada de Escila y Caribdis y la isla del cíclope Polifemo).
También aparecen los dioses de forma activa, tanto los que están en contra de Eneas (como Juno) como aquellos que están a favor (especialmente su madre, Venus).