El binomio fantástico.

El binomio fantástico es uno de los recursos de creatividad más fructífero que conozco. El término fue acuñado por el italiano Gianni Rodari en su Gramática de la fantasía y, básicamente, consiste en buscar una historia formada a partir de la asociación de dos palabras que no pertenezcan a la misma familia léxica, tan diferentes como sea posible. Esta oposición será la que motive la imaginación. Es decir, no valen palabras como camino y sendero; ni tampoco las que se diferencien por una oposición lógica, como perro y gato.

¿Cómo elegir las palabras? Es tan sencillo como abrir un diccionario al azar, cerrar los ojos y plantar el dedo sobre dos palabras seleccionadas por los hados.

El pasado fin de semana, en un encuentro de escritores al que asistí cerca de Segovia, tuve la oportunidad de poner en práctica el binomio fantástico. Las palabras que surgieron al azar fueron saco y onda. La historia que surgió, desarrollada en unos veinte minutos, fue esta:


 Hacía diez años que Adolfo no disfrutaba de un sábado por la noche. Su trabajo, recluido en una plataforma petrolífera, lo había alejado de todo, salvo las ondas del mar. Pero aquella noche, ya en tierra y con el sueldo en el bolsillo, esperaba pasárselo como nunca antes de regresar a otros diez años de soledad.
El único amigo que a estas alturas conservaba, Javier, acordó encontrarse con él en la Plaza Mayor. Adolfo no pudo reconocerlo, y no por culpa del tiempo transcurrido, sino porque Javier apareció vestido con un elegante saco de patatas con el que tapaba su cabeza. Dos orificios a la altura de los ojos lo ayudaban a guiarse sin tropezar por la calle.
-¡Pero Adolfo! -dijo- ¿Cómo te presentas así vestido un sábado por la noche, sin saco ni nada?
Adolfo, aterrado, comprendió que no estaba en la onda de la noche madrileña, de modo que corrió acompañado de su amigo a la búsqueda del saco de patatas más elegante con el que cubrir su cabeza.
En la noche de aquel sábado, y gracias a su saco, Adolfo pudo relacionarse con muchas personas. Volvió a reencontrarse con amigos a quienes hacía tiempo que no veía, y a quienes, técnicamente, continuó sin ver, puesto que todos ellos cubrían su cabeza con el saco que dictaban las modas. Incluso tuvo la oportunidad de conocer a una chica, que vestía un provocativo saco con una cuerda de pita colgando del extremo.
A la mañana siguiente, Adolfo regresó a su plataforma petrolífera satisfecho, contento por haber aprovechado su único día libre; por supuesto, quiso llevar su saco puesto para alardear frente a sus compañeros de lo mucho que se había reintegrado en la sociedad.
Así alcanzó la plataforma, saludando a gritos y alzando las manos. Pero sus compañeros, creyéndole un pérfido terrorista, lo arrojaron al mar.

¿Qué os parece? Personalmente creo que, ya se produzca una buena historia o no, merece la pena realizar el ejercicio si se pretende despertar la creatividad. 

2 comentarios:

Acuática dijo...

Grande Gianni Rodari. Yo también tuve que hacer un ejercicio de este tipo en el taller de escritura al que asistí hace unos años, sólo que en vez de dos, fueron tres las palabras elegidas: dedal, paraguas y pelota.
Me he reído mucho con tu propuesta. Eso sí, a partir de ahora no podrás recriminarme los micros absurdos.
Un beso
:)

Miguel Ángel Moreno dijo...

Jeje, ¿eso no sería un trinomio fantástico?
Ahora hablando en serio, la propuesta es muy buena para crear. También puede ser variando la categoría gramatical de las palabras (adjetivos o verbos, fundamentalmente).
Sí, después de este relato, me he lucido en cuanto a historias absurdas.