La prueba de fuego.

Ya es una realidad. Hoy mi novia se ha marchado a Barcelona por unas tres semanas para visitar a sus padres. Durante ese tiempo, me quedaré cuidando la casa que compartimos.
¿Es tan importante como para hacer de ello una entrada en el blog?, preguntaréis, y os contesto: sí.

Nunca, repito, nunca he vivido absolutamente solo. Siempre, a lo largo de mi vida, he tenido a alguien con quien convivir: la familia, una pareja o incluso un perro, pero nunca lo he pasado completamente solo. Esta es la primera vez.

Siento una mezcla de sensaciones contrapuestas: la marcha de mi pareja me provoca tristeza, como es lógico, pero a la vez, los días que me aguardan han sido planeados con la ilusión de un nuevo reto: vivir embebido en la escritura a diario, como un eremita, concentrado en las historias que me he propuesto escribir. ¿Terminaré enloquecido por la soledad, hablando con los muebles y con mi cocodrilo de plástico?
De momento, no me preocupa la demencia, porque, claro está, el plan no es tan radical como parece. Bajaré de vez en cuando visitar a mis padres y me relacionaré los fines de semana. Eso sí, el resto de la semana estaremos yo, el cocodrilo y mi ordenador... yo y mi imaginación.

A ver que pasa.

3 comentarios:

Noa Alarcón dijo...

No te olvides de que para ser un verdadero escritor eremita tienes que tener un vaso de whisky al lado... aunque no te lo bebas, la cuestión es tenerlo. Es importante.

Miguel Ángel Moreno dijo...

Jajaja, buena idea. A ver qué puedo encontrar.

Acuática dijo...

¿Dónde dices que hay fiesta? :P
Jijiji, es broma, pero si te apetece podemos quedar un día para hablar de escritura, y así te distraes un rato, aunque el tema sea el mismo...
Un beso!