El punto más extremo de todo esto es que el propio autor decida introducirse en la novela. Es el caso de la aparición de Unamuno en Niebla, Cuando aparece para anunciar al personaje que ya no es necesario y que, como autor que es de su propia vida, lo va a matar.
Con frecuencia el escritor también se vale de personas que existen en la vida real para crear sus personajes. No es que tome a su vecino o al vendedor de periódicos de la esquina y decida transportarlo a la novela, sino puede utilizar la forma psíquica y física de su modelo real íntegra o parcialmente, a elección, pero aun en el caso en el que utilice la viva imagen de la persona real para crear al personaje, al final no será más que un producto creado para sus fines e intereses personales; es decir, el personaje puede ser la viva imagen de la persona imitada, pero no necesariamente actuar como él o ella lo harían en las circunstancias que la historia proponga. Una vez creado, no sigue siendo más que un cascarón al que el escritor debe dotar de vida propia e independiente de la realidad.
Para algunos escritores, el utilizar modelos reales a la hora de crear personajes se les hace sencillamente imposible o les parece totalmente falto de originalidad, por lo que crean personajes totalmente inventados, sacados de su propia imaginación. Este último método -y para mí más complicado- es, por ejemplo, el que utiliza la escritora Espido Freire.
Para la próxima entrada sobre técnicas narrativas: métodos para presentar un personaje en nuestra historia.