- Nombre, edad y nacionalidad.
- Descripción física: que incluya el tipo de complexión, altura, color de ojos y de pelo, tipo de rostro... contra más detallada sea mejor será la imagen que en nuestra mente tendremos. (Pero, aún así, remito a la cita de W. Iser que dejé en la entrada anterior).
- Historia: Si es posible, desde su nacimiento hasta el momento actual en que la novela tiene lugar. Lo que ha estudiado, los trabajos en los que ha estado empleado, los momentos importantes en su vida y aquellos especialmente relevantes que hayan podido marcarlo.
- Carácter: su personalidad. Si es risueño, extrovertido o tímido. Si le gustan los macarrones con tomate o los huevos, qué odia y qué ama más en el mundo, etc.
- Deseos: la gente de carne y hueso suele tener anhelos, metas en la vida... sueños por realizar. Los personajes también pueden tenerlos.
- Detalles: este apartado se encargará de perfilar puntos anteriores como el referido al carácter y a la descripción física del personaje. En él se incluirán detalles físicos o psíquicos que ayuden a dar esa chispa especial que le falta el personaje, y que ayudarán a perfilarlo y darle cuerpo. Que un personaje sea manco es parte de su descripción física, pero que tenga un lunar de nacimiento en el empeine de su pie izquierdo es un detalle físico. Que un personaje sea irascible debe englobarse dentro de su carácter, pero que le guste nadar con los calcetines puestos es un detalle de su personalidad. Aquí se engloban todos aquellos matices que nos hacen más humanos y particulares unos de otros: ser zurdos, tener verrugas en las muñecas, un mechón del flequillo blanco, etc.
Es probable que muchos de los rasgos que apuntemos no terminen plasmándose en la obra, pero habremos logrado será crear un personaje con cuerpo dentro de nuestras mentes, alguien que cuando encuentre un problema actúe acorde a su personalidad. Habremos conseguido un personaje más perfilado, y nos resultará menos complicado conducirlo hacia una posterior evolución.