Confesiones literarias X. El miedo a la página en blanco

En esta entrada quiero hablar del bloqueo literario, de los días en los que no sale nada por mucho que nos esforcemos. 
Ciertos estudios neurológicos aseguran que el cerebro se perfecciona en aquello que practica con regularidad. De este modo, un taxista desarrollará un buen sentido de la orientación, un actor será bueno memorizando textos y un escritor tendrá más facilidad para sentarse frente al ordenador, la máquina de escribir o el papel, y desatar su imaginación.

En efecto, los resultados de la práctica en la escritura (no hace falta que sea nuestra novela) suelen ayudar a que nos habituemos a ello, perdamos el miedo, adquiramos práctica y nos resulte más sencillo llenar de letras la página en blanco. 
Pero no nos engañemos, puede que los días de bloqueo tarden más en aparecer si practicamos la escritura, pero nunca desaparecerán. 

Actualmente me siento a escribir casi todos los días. Con los años he venido observando que cada vez me resulta más fácil comenzar o producir más cantidad de texto, pero recuerdo mañanas -no muy lejanas en el tiempo- especialmente duras; instantes en los que el problema no era no saber qué escribir, sino cómo escribirlo. Las palabras adecuadas no surgían, los minutos pasaban y no aparecía nada que me convenciera. Al final, dos horas después, me encontraba con que había avanzado poco más de quinientas palabras; a doscientas cincuenta palabras por hora. 

¿Deprimente? Pues sí, pero nos sucede a todos.

Este tipo de bloqueo no puede evitarse. Sucede y ya está, y del mismo modo que ese día me salieron quinientas palabras, otras tardes he llegado a producir más de cinco mil. Los dedos me ardían sobre las teclas, y el flujo imaginativo era tan real, tan vívido, que creía ser un mero redactor de acontecimientos que desfilaban frente a mis ojos. Ambas situaciones pueden sucederse, pero la práctica ayuda a que la segunda aparezca con más frecuencia que la primera.

Hay que escribir de forma constante, siempre que se pueda, aunque sea un poco. Pablo Picasso decía que prefería que si las musas debían acudir a él, prefería que lo encontraran trabajando. Yo comparto esa idea, porque me he dado cuenta de que la inspiración casi siempre acude cuando llevo un rato iniciado en la historia, cuando me he metido dentro de ella; de lo que está sucediendo alrededor de los personajes. Por eso hay que ser constante a la hora de escribir y perder el miedo a comenzar sin demasiada fuerza.

La práctica es, posiblemente, el mayor remedio contra el bloqueo, pero también lo es recordar que escribimos por gusto, para disfrutar creando historias, y no por imposición. Y de este modo, cuando perdemos el miedo a escribir, cuando no tememos que el primer párrafo del día sea un texto digno de la antología del error, es cuando las palabras comienzan a salir.

3 comentarios:

rogelio brea dijo...

Un post muy elocuente. Gracias, Miguel Ángel.

rogelio brea dijo...

Hola, Miguel Ángel. Me gustaría que te unieras al Club Operación Escritor. Por favor, visita mi página http://www.facebook.com/RogerDiazBrea dale Me gusta y únete al Club. Saludos.

Anónimo dijo...

Genial este post!!!!