Confesiones literarias XIII. La carrera del escritor, una senda nada fácil de transitar

Cuando explico a quienes no me conocen que soy escritor, todos ponen más o menos la misma cara de asombro. Inmediatamente después, su pregunta viene a ser más o menos la misma: "pero ¿ya has publicado algo?". "sí", respondo, "cinco novelas, y una sexta que está en camino". Entonces sus ojos se abren del todo y, acto seguido, la mayoría asiente con un gesto que viene a decir "¡caramba!"

Lo que no saben es que poder decir que se ha publicado, aunque sea una sola novela, es todo un verdadero logro, el final de una maratón. El verdadero objetivo de un viaje lleno de dificultades.

Porque cuando uno decide o, mejor dicho, comprende que es escritor, y que ésa es la carrera a la que va a dedicarse, se introduce en un terreno que va a reservarle muchos combates. Una pelea constante por escalar para alcanzar el mayor número de lectores posible, ofreciendo el mejor material que pueda.
Si estáis pensando en dedicaros al oficio del escritor. Debéis saber que en la mayoría de los casos no resultará un tránsito sencillo por un camino asfaltado. No. Es más parecido a un vía crucis.

El hecho de escribir una novela cuando sabes que es a lo que quieres dedicarte es un proceso tremendamente satisfactorio, sí, pero complicado.
No siempre tendréis las ideas claras de lo que queréis plasmar en el papel. El argumento no saldrá como queréis o, peor aún, no os saldrá nada. Os sentaréis tardes enteras frente a una página en blanco sin que podáis escribir ni una sola palabra. Pasaréis innumerables noches de insomnio, dándole vueltas a los personajes, a la historia, a datos que os han faltado incluir... y os levantaréis de madrugada para apuntarlos en la libreta, conscientes de que quizás no os queden más que unas pocas horas de descanso antes de prepararos para ir a ese otro trabajo. Ése que desempeñáis sólo para cumplir con las facturas y la hipoteca; que no es vuestra pasión, ni vuestra forma de vida, y que a pesar de todo os quita ocho horas al día.

Y a pesar de vuestros esfuerzos, de todas las horas de vuestro tiempo libre exprimidas al máximo para escribir, es posible que vuestra novela ni siquiera sea publicable una vez la hayáis terminado. Quizás os parezca que jamás habéis producido nada semejante, pero la cruda realidad sea que vuestro nivel ni siquiera es aceptable. El destino de vuestro primer trabajo (y quizás del segundo y del tercero) puede ser un oscuro cajón del que no salga jamás. Pero incuso si habéis producido algo decente, aún os quedará lidiar con agentes que tardarán meses en daros una respuesta y/o con editoriales, quienes también se demorarán meses en contestar, o directamente jamás lo harán.

Y esa espera, esa vigilia larga y tediosa, consumirá vuestros ánimos. Dudaréis de lo que estáis haciendo, de si habéis tomado el camino correcto, o la profesión adecuada.

Aunque tengáis la suerte de que os publiquen, no tardaréis en comprobar que apenas habéis comenzado a transitar por ese vía crucis. Por lo general, el escritor únicamente percibe el 10% de las ventas de su trabajo, de esa historia que un día surgió desde su creatividad. Editores, impresores, libreros, distribuidores, correctores, maquetadores, agentes... todos ellos viven de esa idea, de esa chispa imaginativa que un día asaltó al escritor, y por la que cobrará un 10%.

Salvo que alcancéis el éxito con vuestra novela -algo sólo remotamente posible-, no tardaréis en comprender que vuestro oficio os reserva todavía algunas desdichas. Porque ser escritor no garantiza un sueldo a fin de mes, ni una estabilidad. Para ser escritor hay que estar dispuesto a sacrificar una forma de vida corriente, ésa que llevan cientos de miles de personas a vuestro alrededor. Es no saber si el trabajo de meses, quizás de años, va a gustar o será un rotundo fracaso. Es pelearse para que las editoriales te presten atención, buscar contactos, acudir a eventos, firmas, presentaciones, ferias... es encontrarse en constante movimiento, siempre peleando, siempre en la brecha. Es lanzarse a la piscina sin saber si estará vacía, y ser valientes para prever que quizás algún día lo esté; pues no siempre puede acertarse en el centro de la diana. Los fracasos vendrán, y puede que lo hagan en el peor de los momentos.

Sin embargo, tal vez hayáis comprendido que no podéis hacer otra cosa. Que nacisteis escritores y escritoras, y que por mucho que os esforcéis no podéis huir de lo que sois. No importarán los fracasos, ni las peleas, ni lo largo que resulte el camino. Necesitáis escribir porque os completa.
Y entonces, cuando os sintáis derrotados, tal vez topéis con una opinión, una reseña o un simple comentario. Alguien ha disfrutado con lo que escribisteis. Ha vivido vuestras aventuras, ha llorado con vuestros personajes o ha reído con las situaciones de vuestro argumento.

Si en ese momento sois capaces de olvidar todos los esfuerzos pasados. Si podéis mirar las peleas mantenidas con el mundo y sonreír, enhorabuena. Ya
sois escritores.



4 comentarios:

Rafael dijo...

Creo que queda bastante claro el tema.
Más o menos es así, doy fe.
Tal vez tocar algunos puntos más, especialmente ¿cómo gente con menor valía, cómo novelas que tú jamás habrías escrito o habrías tirado a la basura, están en los escaparates por arte de magia, o, mejor, de birlibirloque? Porque en este oficio hay mucho birli y mucho birloque.

Pero, vamos, las mimbres fundamentales son esas.

Un saludo,

Rafael

Miguel Ángel Moreno dijo...

Pues sí, ésa es otra cuestión. Los éxitos y los fracasos con un misterio que tampoco llego a entender, y quizás deba dedicarle otra entrada.

Bruno González Escobio dijo...

Hace muy poco tiempo que descubrí tu blog,hace muy poco tiempo que decidí despojarme de mis miedos e inseguridades y empezar a mostrarle al resto lo que hago, que escribo; es decir, que como tú bien dices, aparte de mi currelo, aprovecho cuanto puedo para escribir, para leer, para aprender, porque es lo que me tira, porque lo necesito...

Llevo ya un par de días bastante desanimado y todo se relaciona con lo que explicas tú, diafanamente, en esta entrada. Hace ya algunos meses escribía yo otra que lo mismo te gusta,es de otro viacrucis: el de los concursos. Cuento en ella mi experiencia,la experiencia de un novato que sin tener ni puta idea, que sin saber de agentes ni de "mundos paralelos literarios" se puso a concursar y a esperar fallos y mirar quién ganaba y quién se quedaba en el fango-aparte de mí mismo, claro-.
Pero ése no es el caso, el caso es que me has animado, que a través de tu blog otra gente no se siente tan sola, tan colgada, tan absurda... y que nos viene muy bien poder comentar todas estas impresiones, porque yo que pensaba, como buen idealista, que un escritor era "otra cosa", cada vez me convenzo más, no sin cierta amargura,que tal y como va el tema, el nombre y el renombre y el puesto y los laureles de la fama no son en muchos casos merecidos, no están relacionados con la auténtica valía literaria, sino sólo un producto de las editoriales, de las reseñas que se hacen cuatro amigos, de los premios que se dan entre colegas, de las entrevistas concertadas en revistas, de las listas de ventas contratadas ... y tanta y tanta mierda... yo mientras tanto, sigo sirviendo mesas y ahora pienso que lo de publicar es algo inalcanzable-y no sé sé hasta qué punto siquiera deseable-, pero algo más tranquilo porque también voy viendo que queda gente honesta!!
Gracias por atenderme, BRUX.

Miguel Ángel Moreno dijo...

Es un verdadero placer haberte tenido por aquí. El mundo literario está lleno de tropiezos y de mierda, como bien dices... pero siempre nos quedará escribir, y solo escribir.
Un abrazo.