Confesiones literarias XII. La banda sonora de una novela

En talleres literarios y seminarios siempre se abordan los mismos puntos: cómo superar el bloqueo literario, la importancia de llevar siempre una libreta a mano para notar las ideas en el momento justo en el que lleguen, ejercicios para entrenar la creatividad, etc.

No obstante, siempre me ha parecido curioso que no se preste atención a lo que quizás sea una importante fuente de inspiración y, a la vez, una poderosa herramienta para la escritura creativa: la música.

Es probablemente un hecho común que muchos escritores escriben acompañados de música; y si no lo hacen, escuchan música antes de escribir para que que las ideas acudan a su cabeza. La música, en muchas ocasiones, nos inspira más de lo que valoramos y creemos, pero no estamos acostumbrados a darle  la importancia que merece... y eso teniendo en cuenta que en ocasiones se transforma en un pilar fundamental de apoyo a nuestra creatividad.

Esta entrega de las Confesiones literarias he querido dedicarla a lo que, de hecho, me resulta fundamental a la hora de abstraerme del mundo real y evocar la historia de cada novela: la música.
En efecto. Cada vez que me he introducido en una de mis historias lo he hecho acompañado de una melodía de fondo. En mi caso, y dado que soy un fanático de las bandas sonoras, siempre ha sido con una de las pistas de una película concreta. Las melodías no cantadas me ayudan a concentrarme mejor y casi a personarme en el instante que estoy relatando. Cada banda sonora me ha ayudado a acrecentar un instante de dramatismo, de misterio, de acción o incluso de simple transición.

Y para muestra, ¿qué mejor que poner algunos ejemplos? Os dejo algunas de las melodías que me acompañaron durante la escritura de algunas de mis novelas, comenzando por La vidriera carmesí:

Con mi segunda novela, La vidriera carmesí, necesitaba describir momentos de especial violencia. Pero además, cada uno de estos instantes debía encerrar algo más; un mensaje que hiciera estremecer al lector sobre la personalidad de Ismael. Ésta ha sido una de las pocas veces que he recurrido a algo diferente de una banda sonora. Escogí la canción Duality, de Slipknot. Todas las escenas violentas están narradas con esa canción de fondo.

La trilogía Praemortis ha tenido muchas bandas sonoras; no obstante, existe una melodía que me ha acompañado en los momentos de mayor epicidad. Se trata del Neodämmerung, de la película Matrix Revolution. Seguro que quienes habéis leído algo de Praemortis podéis recordar alguno de estos instantes al escuchar la pista.
Por otra parte, otros momentos de estas tres novelas pedían algo radicalmente diferente, una melodía que sonara pausada y dramática al mismo tiempo. He usado muchas para escribir estos instantes, pero de todas me quedo con la elegida para los capítulos más dramáticos de Praemortis III. Se trata de Time, de la BSO de Inception.

El pasado mes de octubre acabé una de las novelas que más me ha divertido escribir. Todavía no puedo dar pistas sobre ella (aunque estoy deseando presentarla al público), sin embargo puedo adelantar que se trata de una historia de misterio y aventuras ambientada en el Madrid de 1915. Para esta novela me especialicé aún más y cree una lista de melodías en Spotify (que de momento es privada). De entre todas ellas, quizás la más escuchada fue Te hunt builds de la BSO de Dracula. Esta melodía siempre me ha fascinado. Gracias a ella aún recuerdo estremecerme mientras describía los momentos más tensos de la novela.
Pero ella existen escenas que intentan introducir al lector dentro de ese Madrid de hace un siglo. Para que el lector lograra adentrarse, primero debía hacerlo yo. Para conseguirlo me sirvió mucho la pista titulada Mycroft suite, que podía escucharse en la última película de Sherlock Holmes.

Actualmente poco puedo decir de la novela que ando escribiendo. Hace unas semanas colgué la imagen con la que me inspiré para crear a su protagonista, Bertram Kast. Hoy os dejo sólo una de las melodías que me están ayudando en el proceso de creación. Se trata de First time de la película The Gost And The Darkness (no recuerdo cómo titularon la película en España).

Casi me atrevería a garantizar que algunos, escuchando todas estas melodías, podríais ser capaces de haceros una idea de las atmósferas que envuelven novelas de las que han formado parte, pero creo que más bien soy yo quien, al volver a escucharlas, me introduzco automáticamente en la historia que escribí. Tal es la fuerza de la música como herramienta y objeto de inspiración. No debería menospreciarse.

2 comentarios:

Isi LPP dijo...

Te descubrí por alguien que compartió un post tuyo y decidí quedarme por aquí.

Debo decir que creo que tienes razón. La música nos acompaña a muchos de nosotros mientras escribimos. A veces ese momento previo de escribir, con algo de música, consigue hacer que nos inspiremos de tal forma que nos salga la historia por los poros. Otras veces directamente la usamos de fondo, para idear alguna escenas (como muestras en tu post), pero nunca te deja indiferente, siempre influye.

¡Que viva la música unida a las letras!

¡Un saludo, nos leemos!

Miguel Ángel Moreno dijo...

Así es. Justo. Gracias por la visita y el comentario.