Reflexiones sobre Halloween

Ayer fue la noche de Halloween. En España, y como ha sucedido con Papá Noel, esta tradición legada por los norteamericanos se encuentra cada vez más arraigada. Durante el día, los niños acuden al colegio disfrazados y celebran una fiesta; por la noche son los adultos quienes se disfrazan. .

Halloween arraiga en nuestra cultura. En años anteriores uno sólo veía a tres o cuatro valientes, "disfrazados" con algo de base blanca sobre la cara y un par de goterones de sangre falsa; ayer, mientras regresaba en metro, comprobé que a mi alrededor proliferaban los vampiros, las diablesas y los zombies. Cada vez nos esforzamos más.

Pero, por otro lado, durante la semana previa a esta fiesta he comprobado cómo mi muro de facebook se llenaba con mensajes de advertencia desde los sectores cristianos. "¡Halloween es una tradición diabólica!" advierten, aludiendo al origen pagano de la misma; "¡Celebrarla es dar poder a Satanás!".

Sus mensajes, contrastados con el modo en el que veo cómo se celebra la fiesta, me han hecho reflexionar al respecto.

Es cierto, Halloween posee una tradición pagana; de origen celta, para ser exactos. Una fiesta de transición a la estación oscura del año. En este día se creía que los espíritus tenían libertad para vagar por el mundo de los vivos. Para ahuyentar a los de naturaleza malévola, los celtas se disfrazaban. La tradición pasa a Estados Unidos en el s. XIX, y, en su fórmula actual, nos viene "de regreso" a los europeos.

Hace algunos años, uno de mis profesores de historia del arte nos explicaba el Baco de Caravaggio. En su origen, y según pensaban los estudiosos, la figura era una clara alusión a Cristo. Sin embargo, nuestro profesor nos aclaró que en los últimos años aquella representación se había transformado en un icono del movimiento gay. El cambio de significado era tan radical que no pude evitar preguntarle. Mi profesor me respondió que los símbolos cambian de significado con la historia, con las sociedades. Es el moderno uso que le demos a las cosas lo que importa, lo que sintamos que significan.

Estamos rodeados de ejemplos. El día de Navidad, por ejemplo, no está contemplado en ninguna parte de la Biblia. La fecha actual corresponde al día de celebración del Sol Invicto, que tiene su origen en la divinización del dios persa Mitra. El árbol de navidad también tiene un origen pagano, y, si nos ponemos tiquismiquis, hasta la mitad de los días de la semana están dedicados a dioses romanos (martes - Marte; miércoles - Mercurio; jueves - Júpiter; viernes - Venus)

Cualquiera que observe una estrella de cinco puntas verá un símbolo esotérico. No sé si Pitágoras diría lo mismo, teniendo en cuenta que adoptó esta forma para su escuela, dada su relación con el número áureo. La estrella también forma parte de algunas banderas, como la de Marruecos, representando los cinco pilares del Islam.
Y qué decir de la esvástica, que la sociedad actual atribuye al nazismo, pero cuyo origen, en representación al sol, se pierde en el tiempo de diferentes culturas.

Los símbolos tienen el significado que queramos darle en cada momento. En la actualidad, no me parece que Halloween tenga un significado tan maligno. Sólo veo a gente salir a la calle disfrazada y -en Estados Unidos-, a niños pidiendo golosinas en las casas. Allí es una tradición muy arraigada, tanto como en España puede ser, por ejemplo, la Semana Santa (y, por cierto, nuestra fiesta resulta mucho más inquietante).

Ahora bien, es posible que no sea del todo así, y que los símbolos, pese a haber perdido su significado original con el transcurso de los siglos, sí conserven algo de lo que anteriormente fueron. Y de este modo quizás sí sea conveniente prestar atención a lo que festejamos o a las tradiciones que vivimos. Porque, igual que sucede en la Plaza de San Pedro, colocar una cruz en la punta del obelisco no cristianiza lo que, a todas luces, es un enorme falo de piedra de origen egipcio.

Honestamente, creo que el tiempo es mucho más sabio que mis reflexiones. Como ha ocurrido con otros imperios, Estados Unidos, la potencia más influyente en el mundo, nos transmite sus fiestas. Dentro de unos años celebraremos Halloween con toda naturalidad. Continuarán los partidarios y los detractores, pero al final terminaremos viendo a niños en nuestras puertas preguntando por el "truco o trato".

Y vosotros, ¿qué opináis?

4 comentarios:

Miguel Ángel dijo...

Tocayo, mi opinión me va a quedar larga, así que ten la libertad de no publicarla.
Creo que es un tema que ilustra varios aspectos de nuestra sociedad.
- En España criticamos a los americanos e incluso presumimos de antiamericanismo, pero después copiamos todo los que nos llega de allí, sin filtrar.
- Coincido en que hay un gran parecido con la fiesta de Navidad, tanto en el origen pagano de la fecha como en el indignante sentido consumista y comercial que, finalmente, tienen las fiestas en occidente. Pero creo que hay una diferencia fundamental; en Navidad, si quitamos todo eso, nos quedamos con el nacimiento de Jesús; en Halloween, sin embargo, nos queda la muerte, demonios, brujas, etc. Yo creo en la existencia de una realidad espiritual demoniaca, por lo tanto trivializar sobre el tema me parece algo muy peligroso.
- Finalmente, me llama la atención cómo ha cambiado el sentido de este "día de todos los santos". Sin compartir la doctrina católica sobre las oraciones por los muertos, en este día se recordaba a los seres queridos fallecidos. Sin embargo, la fiesta de Halloween es una forma de burlarse de la muerte, tomársela a broma, algo que es característico de nuestra sociedad occidental: vivimos dándole la espalda a la muerte, pero es una realidad que creo que es necesario tener presente, no para vivir amargados y asustados, pero sí para ser conscientes de que es algo natural, que tarde o temprano nos llegará. Pero claro, esto nos llevaría a tener que reflexionar sobre nuestra vida, quiénes somos y hacia dónde vamos, y eso no interesa en una sociedad materialista que quiere personas que no piensen, que solo vivan para consumir, sin plantearse nada más.

Por lo tanto lo importante no es la fiesta en sí, sino nuestra actitud cuando la celebramos, llámese Navidad o Halloween. Así que, sin dramatizar ni caer en extremismos, creo que la clave es que ante la muerte hay dos posibilidades: "truco o trato", el truco de negarla y vivir de espaldas a ella (con Halloween o sin él) y el trato de aceptarla y reflexionar sobre
nuestra vida y lo que nos espera después de la muerte (con Halloween o sin él).

Miguel Ángel Moreno dijo...

¿Cómo no voy a publicar este comentario? Gracias por tu valiosa reflexión, compañero.

Al rico libro dijo...

La celebración de Halloween americana tiene un origen celta, que ya se hacía en el norte de España (Asturias, Galicia) hace siglos hasta no hace tanto (p.ej., mi abuela, que nació en 1922, vivió festividades similares, con el mismo significado y usando también calabazas, y en su aldea no conocían ni Halloween ni nada parecido).

Daniel Panduro dijo...

Ey me gusta tu opinión. Yo he pensado mucho acerca del tema y la verdad es que llego a la misma conclusión que tú, la de considerar que para la mayoría es cuestión de modas que finalmente se desvirtuan de su finalidad original.
Aunque también me pregunto si habrá algún tipo de poder malévolo que inconscientemente influya en los que la celebran. A lo mejor las dos realidades se dan. No lo sé. Esa es mi opinión. Un saludo.