Confesiones Literarias XVII. Cómo convertirse en escritor del s. XXI

El mundo a nuestro alrededor se ha transformado. Quién me iba a decir, hace veinte años, que aquellos instantes de tensión junto a los pitidos del módem para conectarme a Internet iban a evolucionar hasta el presente en el que vivo, en el que vivimos todos.
Sí, el mundo ha cambiado. Internet ha revolucionado nuestra concepción del trabajo y del entretenimiento; ha generado nuevos oficios, ha hecho desaparecer otros y ha transformado muchos. El nuestro, el de los artistas, es uno de ellos.

Cuando Thomas Nelson me avisó de que todos mis libros pasarían a estar en formato e-book sentí la bofetada de un futuro inmediato. Creo que ése fue el comienzo de mi transformación como escritor, del cambio en la concepción sobre cómo debía marchar mi trabajo. Al poco, cuando Praemortis salió al mercado, el editor de un conocido sello español (cuyo nombre no revelaré por lo que a continuación voy a decir sobre él); un pirata de los negocios sin muchos escrúpulos, pero muy astuto, me dio algunas recomendaciones mientras nos tomábamos un café: "hazte un perfil de facebook". "¿Tengo que hacérmelo?", dije yo desde lo más hondo de mi personalidad antisocial. "Sí, y también una cuenta en twitter". "Está bien", respondí. "¿Tienes blog?", continuó él. "No". "Pues ábrete una cuenta y escribe siempre que puedas".
Aquel tipo no me cayó bien, pero le hice caso. Años después, he comprobado que llevaba razón.

Internet es el lazo comunicador que une al mundo, y el perfil del escritor se ha visto revolucionado por él. Ya no es -o, mejor dicho, no debería ser- el/la eremita que vive encerrado/a en sus letras, sin otro contacto que su editor, su agente y unos esporádicos lectores. No, el escritor de esta nueva generación se mueve por las redes sociales, entra en contacto con sus lectores e intercambia conversaciones con aquellos que viven a miles de kilómetros.

Los escritores de esta generación, muchos de ellos hastiados del lento y en muchas ocasiones decepcionante proceso de las editoriales (y a ellas envío un toque de atención, pues muchas se están anquilosando en unos métodos que ya no corresponden a los nuevos tiempos), comienza a publicarse sus novelas. Busca diseñadores de portada baratos, que de paso le realicen una buena maquetación, la sube a Internet y realiza su propia promoción. Él se preocupa de su trabajo y pasa por encima de los lentos intermediarios; que ya no se mueven al mismo ritmo que el resto del universo.

Pero aunque una editorial le avale, un escritor de nueva generación posee su perfil en facebook (y páginas para sus obras); perfil de Twitter, donde sigue para que le sigan, y en el que suele mantener una constante presencia; Página de autor de Amazon, con enlace a todas sus obras, a Twitter y demás; perfil de autor en Goodreads; un blog en el que publica al menos una vez en semana (los expertos recomiendan que se publique más a menudo)... en todos estos lugares -y en algunos más-, se publicita, comparte y promociona. El autor de nueva generación no se detiene a esperar, como tampoco se detienen sus lectores. Vivimos en un mundo que no espera, en el que todo es fácil e inmediato; en el que se busca la comodidad de lo accesible. El escritor debe aproximarse a sus lectores todo lo que pueda, compartir con ellos y con otros escritores, salir de su cueva de eremita y ver la luz.

Éste es el nuevo perfil para los autores de nueva generación. ¿Perteneces a ellos?

2 comentarios:

José Ramon Gomez Díaz-Rullo dijo...

Pues razón tienes Miguel Angel. Te vengo siguiendo desde que publicaste aquel artículo algo controvertido acerca de la calidad de la gente Amazon. Yo me acabo de incorporar al carro y veo que la lucha es absolutamente encarnizada. A ratos es divertida, y otras veces es un espectáculo bastante fuerte, con todos hablando con todos, todos promocionándose a todos, y así ad eternum. Creo haberte entendido que eras un poco antisocial, pero que la realidad te ha hecho cambiar. En mi caso es parecido. Yo creo que una de las pocas posibilidades que se tiene de salir del anonimato es hacer algo muy bueno, tipo Jesús Carrasco, y que te lo reconozcan, que ésa es otra. Seguiremos por aquí. ¡¡Saludos!!

Miguel Ángel Moreno dijo...

Así es, en efecto. Quizás todo no depende más que de escribir lo adecuado en el momento adecuado (sin importar que sea bueno) y de, además, contar con mucha suerte.